5Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.
En las bienaventuranzas, Jesús llama bienaventurados a los mansos en contraste con la lógica de conquistar mediante fuerza, ruido o dominio. La mansedumbre no es cobardía, pasividad ni incapacidad para poner límites. Es una fuerza bajo el gobierno de Dios: puede defender la verdad sin convertir al otro en enemigo y puede renunciar a la venganza sin renunciar a la justicia. El manso no necesita ganar cada discusión para saber quién es. En una época de respuestas rápidas y competencia constante, esta actitud se practica al recibir una corrección sin atacar, al ceder un privilegio por amor o al responder con firmeza serena. Jesús promete una herencia que no se obtiene aplastando a los demás, sino confiando en el gobierno justo de Dios.
¿Dónde necesitas reemplazar la reacción dominante por una respuesta firme, humilde y gobernada por Dios?
Ante una provocación, espera antes de responder y formula una frase que defienda la verdad sin humillar a la otra persona.
Jesús, forma en mí tu mansedumbre. Que no confunda fuerza con dureza ni humildad con silencio cobarde, y enséñame a confiar en tu justicia mientras trato bien a los demás. Amén.
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