3Y te afligió, é hízote tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre.
Deuteronomio 8:3 recuerda al pueblo que Dios permitió el hambre y después lo sustentó con maná para enseñarle una dependencia más profunda. La lección no desprecia el alimento material; muestra que la vida no puede reducirse a lo que satisface el cuerpo. Israel debía aprender a recibir cada provisión como regalo y a vivir atento a la palabra de Dios. En nuestros días, la abundancia de información puede convivir con una profunda desnutrición espiritual. Podemos consumir muchas voces y seguir sin dirección. La palabra del Señor alimenta la conciencia, corrige los deseos y nos enseña a confiar día a día. Hoy no necesitas resolver toda tu existencia; necesitas recibir con obediencia la verdad que Dios pone delante de ti y dejar que ella ordene tus elecciones.
¿Qué estás consumiendo para sentirte seguro, aunque tu alma necesita volver a escuchar a Dios?
Antes de revisar noticias o redes sociales, lee un pasaje breve y elige una instrucción que practicarás durante la jornada.
Dios mío, enséñame a reconocer que mi vida depende de ti y de tu palabra. Ordena mis apetitos, alimenta mi alma y hazme obediente a la verdad recibida. Amén.
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