1ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
El Salmo 121 comienza con una pregunta que nace al mirar las montañas: ¿de dónde vendrá la ayuda? El peregrino no se queda atrapado en el paisaje ni atribuye su seguridad a sus propios recursos. Levanta la mirada y confiesa que su socorro viene del Señor, creador de cielos y tierra. La respuesta no elimina la necesidad de recibir ayuda humana o actuar responsablemente; coloca todas esas ayudas bajo la soberanía de Dios. Cuando una preocupación te hace medir únicamente lo que falta, este salmo ensancha la perspectiva: el Dios que sostiene la creación no es indiferente a tu camino. Puedes pedir apoyo, trabajar con diligencia y, al mismo tiempo, descansar en que tu auxilio último no depende de una circunstancia cambiante.
¿Qué necesidad te está haciendo mirar solo tus limitaciones en lugar de recordar de dónde viene tu ayuda?
Nombra delante de Dios una necesidad concreta, pide ayuda a una persona confiable si es necesario y agradece al Señor como tu socorro principal.
Señor, levanto mis ojos hacia ti. Recibe mis necesidades, enséñame a aceptar ayuda con humildad y afirma mi confianza en que eres el creador y sustentador de mi camino. Amén.
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