12Enséñanos de tal modo á contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.
13Vuélvete, oh Jehová: ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos.
14Sácianos presto de tu misericordia: Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
15Alégranos conforme á los días que nos afligiste, Y los años que vimos mal.
16Aparezca en tus siervos tu obra, Y tu gloria sobre sus hijos.
17Y sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: Y ordena en nosotros la obra de nuestras manos, La obra de nuestras manos confirma.
El Salmo 90 contempla la brevedad humana frente a la eternidad de Dios y no responde con desesperación, sino con una petición de sabiduría. Contar los días no significa obsesionarse con la muerte; significa recibir el tiempo como un regalo limitado y vivirlo con conciencia, humildad y responsabilidad delante del Señor. Al terminar un año, podemos medirnos solo por lo que alcanzamos o lamentar lo que no ocurrió. Este salmo ofrece otra medida: una vida que aprende, ama, sirve y pide que Dios confirme su trabajo. La esperanza no exige llenar cada minuto; nos ayuda a elegir lo importante, reconciliarnos a tiempo y dedicar atención plena a las personas que Dios nos confía.
Si tus días fueran una agenda espiritual, ¿qué prioridad importante mostraría hoy una ausencia injustificada?
Aparta un momento para llamar a alguien significativo y conversar sin multitarea ni prisa.
Señor eterno, enséñame a contar mis días con sabiduría. Ayúdame a ordenar mis prioridades, aprovechar el tiempo para amar y pedir que confirmes el trabajo que realizo con mis manos. Amén.
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