1Y ACONTECIO después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló á Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo:
2Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, á la tierra que yo les doy á los hijos de Israel.
3Yo os he entregado, como lo había dicho á Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.
4Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los Hetheos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término.
5Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fuí con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.
6Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás á este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré á sus padres que la daría á ellos.
7Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme á toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni á diestra ni á siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres.
8El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.
9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.
Josué recibe una tarea enorme después de perder a su mentor. Dios no le promete que será fácil ni le pide que imite exactamente a Moisés. Le entrega responsabilidad, una palabra que debe obedecer y la seguridad de su presencia. La valentía bíblica nace de esa compañía y se expresa en pasos concretos de fidelidad. Hay transiciones que mezclan duelo, inseguridad y deberes nuevos. Tal vez nadie pueda eliminar esa mezcla, pero sí podemos avanzar con una obediencia diaria. Leer la Escritura, pedir consejo, organizar la tarea pendiente y tratar con justicia a quienes guiamos son maneras prácticas de vivir con propósito. No necesitamos sentirnos invencibles para actuar con valor.
¿Qué responsabilidad nueva requiere de ti obediencia humilde en lugar de esperar sentirte completamente preparado?
Divide esa responsabilidad en una primera tarea de treinta minutos y complétala con atención, sin posponerla.
Señor, acompaña mis transiciones como acompañaste a Josué. Dame valor sin arrogancia, obediencia constante y una mente arraigada en tu palabra para asumir mis responsabilidades con justicia. Amén.
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