24Hay quienes reparten, y les es añadido más: Y hay quienes son escasos más de lo que es justo, mas vienen á pobreza.
25El alma liberal será engordada: Y el que saciare, él también será saciado.
Estos proverbios forman parte de una colección de sabiduría práctica para la vida diaria. No presentan la generosidad como una técnica para enriquecerse, sino como una disposición que ensancha el corazón y fortalece los vínculos. El texto contrasta la obsesión por retener con la libertad de compartir. La persona generosa no ignora sus límites; decide que la seguridad no puede depender únicamente de acumular. También nosotros podemos refrescar a alguien con acciones sencillas: escuchar sin mirar el móvil, preparar una comida, recomendar un trabajo o acompañar a una cita importante. Observa qué tipo de cansancio hay a tu alrededor y responde de manera adecuada. Dar atención puede costar más que dar dinero, porque exige presencia. Al ofrecerla con límites sanos, contribuyes a que otra persona no se sienta sola.
¿Qué clase de apoyo necesita hoy alguien de tu entorno: recursos, tiempo, escucha o compañía?
Reserva treinta minutos sin pantallas para escuchar a una persona y pregúntale qué apoyo concreto le aliviaría.
Señor, líbrame de vivir a la defensiva. Muéstrame cómo compartir tiempo, atención y recursos con sabiduría, para que mi presencia traiga descanso sin crear dependencias. Amén.
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