13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.
14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.
Israel está atrapado entre el mar y el ejército egipcio. El pueblo interpreta la situación como una sentencia, pero Moisés lo llama a dejar el pánico y esperar la intervención de Dios. Permanecer firmes no significa quedarse para siempre inmóviles: en los versículos siguientes reciben la orden de avanzar. La quietud inicial prepara una obediencia concreta, no una pasividad permanente. Hay momentos para detener el ruido, no reaccionar y reconocer que no puedes salvarte por tus propias fuerzas. Después llega el momento de moverte en la dirección que Dios muestra. Si estás atrapado entre dos opciones, no decidas desde el pánico: respira, ora, escucha consejo y da el paso responsable cuando corresponda. La calma puede ser el puente entre el miedo y la obediencia.
¿Necesitas detenerte para escuchar mejor o estás usando la espera como excusa para no obedecer?
Reserva quince minutos sin pantallas para discernir cuál es el siguiente paso que ya sabes que debes dar.
Señor, aquieta mi pánico y guía mis pasos. Enséñame cuándo permanecer firme y cuándo avanzar, para que mi espera no sea pasividad y mi acción no sea impulsividad. Amén.
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