29Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
30Que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús.
31Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.
Después de ser amenazados por las autoridades, los creyentes no centran su oración en una vida sin oposición. Piden que Dios les permita seguir hablando con valentía. La respuesta no consiste en eliminar toda tensión, sino en llenarles de poder para permanecer fieles. Su oración termina en una comunidad que comparte el mensaje con libertad y unidad. Podemos aprender a revisar nuestras peticiones. Es legítimo pedir protección, pero también podemos pedir claridad para decir la verdad, ternura para no herir y valor para servir cuando exista incomodidad. Antes de una conversación difícil, ora por la persona que escucharás y por tu propio corazón. La valentía cristiana no busca imponerse; busca ser fiel a Jesús con respeto, convicción y amor.
¿Qué conversación o servicio necesita que pidas valentía en lugar de limitarte a pedir que desaparezca toda incomodidad?
Ora por esa situación y prepara una frase breve, verdadera y respetuosa con la que puedas dar el primer paso.
Señor, mira mis temores y concédeme valentía humilde. Que mis palabras anuncien tu verdad con respeto, y que mi manera de servir refleje tu amor incluso bajo presión. Amén.
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