38Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
39Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose á los pies de Jesús, oía su palabra.
40Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
41Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
42Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
Marta ofrece hospitalidad, una tarea valiosa, pero termina inquieta y resentida porque su servicio se ha separado de la atención a Jesús. María no es presentada como irresponsable, sino como alguien que reconoce la prioridad de escuchar. El problema no es servir, sino permitir que la actividad gobierne el corazón y convierta a otras personas en obstáculos. Para recuperar el fervor, revisa si tus muchas obligaciones están desplazando la presencia de Dios. Hoy establece una pausa antes de atender tus tareas y escucha a Jesús en la Escritura. Después realiza lo necesario con un ritmo más consciente. La mejor parte no elimina el servicio; lo ordena para que nazca de la comunión y no de la ansiedad.
¿Qué actividad buena está ocupando tanto espacio que ya no escucho a Jesús con atención?
Antes de comenzar tus tareas principales, aparta quince minutos para escuchar a Jesús y decide qué puedes simplificar.
Jesús, ordena mi agenda y calma mi inquietud. Enséñame a escucharte antes de actuar, para que mi servicio nazca de tu presencia y no de la ansiedad. Amén.
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