4Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.
5Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.
6Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Isaías anuncia que el Siervo no será un héroe distante, sino alguien que cargará con el sufrimiento y la culpa de su pueblo. El pasaje no minimiza el pecado ni el dolor; muestra que ambos son tomados en serio y llevados por otro. La cruz revela precisamente ese amor que entra en nuestra herida para abrir un camino de reconciliación. Reconocer que nos hemos apartado no es vivir bajo condena, sino dejar de escondernos. Hoy puedes presentar a Cristo una preocupación, una culpa o una relación rota, confiando en que su gracia no te humilla. Él te llama a volver, recibir paz y caminar de nuevo en obediencia, con una esperanza que no depende de tu perfección.
¿Qué carga sigues intentando llevar a solas que necesitas entregar hoy a Cristo?
Escribe en una hoja una culpa o preocupación concreta, ora entregándosela a Jesús y rompe la hoja como señal de confianza en su obra.
Señor Jesús, gracias porque cargaste con nuestro pecado y dolor. Enséñame a volver a ti sin esconderme, recibir tu paz y vivir hoy con obediencia, humildad y esperanza. Amén.
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