31¿Pues qué diremos á esto? Si Dios por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32El que aun á su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
33¿Quién acusará á los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, quien además está á la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo?
36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero.
37Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó.
38Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,
39Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
Romanos 8 no describe una vida protegida de la aflicción. Pablo menciona tribulación, angustia, persecución, hambre y peligro porque conoce la realidad de una fe costosa. Su confianza no se apoya en que nada doloroso ocurrirá, sino en que ninguna de esas experiencias tendrá capacidad para arrancarnos del amor de Dios en Cristo. La seguridad cristiana está anclada en la acción de Dios, no en nuestra sensación de control. Cuando una acusación, un fracaso o una pérdida nos hace dudar de nuestro valor, este pasaje nos devuelve al centro. Podemos reconocer consecuencias y asumir responsabilidades sin concluir que hemos sido abandonados. También podemos acompañar a otras personas sin juzgar su sufrimiento como falta de fe. En Cristo, la confianza aprende a permanecer: no siempre entiende, pero sabe que el amor de Dios no se rinde.
¿Qué circunstancia estás dejando que defina tu identidad más que el amor de Dios revelado en Cristo?
Escribe Romanos 8:38-39 con tus propias palabras y compártelo con alguien que necesite recordar que no está separado del amor de Dios.
Padre, cuando el sufrimiento o la culpa me acusen, afírmame en el amor de Cristo. Ayúdame a asumir lo que corresponde sin olvidar que ninguna circunstancia puede arrancarme de tu cuidado. Amén.
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