10Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los Egipcios que venían tras ellos; por lo que temieron en gran manera, y clamaron los hijos de Israel á Jehová.
11Y dijeron á Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué lo has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?
12¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir á los Egipcios? Que mejor nos fuera servir á los Egipcios, que morir nosotros en el desierto.
13Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estaos quedos, y ved la salud de Jehová, que él hará hoy con vosotros; porque los Egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.
14Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos.
15Entonces Jehová dijo á Moisés: ¿Por qué clamas á mí? Di á los hijos de Israel que marchen.
16Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre la mar, y divídela; y entren los hijos de Israel por medio de la mar en seco.
17Y yo, he aquí yo endureceré el corazón de los Egipcios, para que los sigan: y yo me glorificaré en Faraón, y en todo su ejército, y en sus carros, y en su caballería;
18Y sabrán los Egipcios que yo soy Jehová, cuando me glorificaré en Faraón, en sus carros, y en su gente de á caballo.
Israel contempla el mar delante y al ejército detrás. Su miedo no es imaginario; la amenaza es real. Sin embargo, el relato muestra que Dios no abandona a su pueblo en el lugar de mayor presión. Moisés primero les pide permanecer firmes y luego recibe la instrucción de avanzar. La confianza no siempre significa quedarse quietos ni lanzarse impulsivamente; requiere escuchar cuál es el siguiente movimiento fiel. En situaciones semejantes, podemos confundir prudencia con parálisis o valentía con precipitación. Dios puede guiarnos a esperar, a actuar, a pedir ayuda o a reconocer una salida que todavía no distinguimos. Lo importante es no permitir que el temor sea quien gobierne. Hoy, ante una dificultad concreta, podemos nombrar la amenaza sin rendirle nuestra obediencia. El Señor sigue siendo presente mientras buscamos el paso correcto.
¿Qué decisión está siendo gobernada por el miedo más que por una búsqueda atenta de la dirección de Dios?
Comparte tu situación con una persona madura en la fe y pídele que ore contigo antes de tomar la próxima decisión.
Dios de poder y paciencia, sosténme cuando me sienta atrapado. Líbrame de actuar por pánico y dame claridad para avanzar, esperar o pedir ayuda según tu dirección. Amén.
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