25Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.
26Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.
27Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra.
La promesa de Ezequiel responde a la incapacidad del pueblo para restaurarse por sus propios medios. Dios habla de limpieza, corazón nuevo y Espíritu: no solo de cambiar conductas externas, sino de transformar la fuente interior de las decisiones. La obediencia nace de una obra de gracia que vuelve sensible el corazón endurecido. Si una actitud se repite, no te limites a controlar su apariencia. Lleva a Dios la raíz: resentimiento, temor, necesidad de control o deseo de aprobación. Después establece una práctica nueva que dé forma a la transformación: pedir perdón pronto, decir la verdad o servir sin calcular. El Espíritu obra en nosotros mientras cooperamos con pasos reales.
¿Qué raíz interior necesita ser renovada para que tu manera de amar cambie de forma duradera?
Escribe la raíz que reconoces y elige una práctica diaria durante siete días que contradiga ese patrón.
Dios, limpia lo que se ha endurecido en mí y renueva mi corazón por tu Espíritu. Muéstrame las raíces de mis reacciones y ayúdame a obedecer con pasos concretos. Amén.
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