19Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse:
Santiago presenta una sabiduría muy concreta para la vida comunitaria: escuchar con prontitud, hablar con lentitud y controlar la ira. El orden importa. Muchas discusiones crecen porque respondemos antes de comprender, suponemos intenciones y convertimos una conversación en una defensa personal. Ser pronto para oír no significa aprobar todo lo que escuchamos, sino conceder atención suficiente para entender antes de emitir juicio. Ser tardo para hablar permite que nuestras palabras pasen por la verdad, la bondad y el dominio propio. La ira, cuando toma el control, rara vez produce la justicia de Dios. En casa, en el trabajo y en la iglesia, una pausa puede convertirse en una forma sencilla de obediencia. Escuchar bien también es amar al prójimo.
¿Qué conversación reciente habría sido diferente si hubieras escuchado un poco más antes de responder?
En tu próxima conversación difícil, deja que la otra persona termine, resume lo que entendiste y responde solo después de orar interiormente.
Señor Jesús, pon freno a mis respuestas impulsivas. Dame oídos atentos, palabras prudentes y dominio sobre la ira para que mis conversaciones reflejen tu verdad y tu gracia. Amén.
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