31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.
32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
33Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.
34Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;
36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.
37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?
38¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?
39¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?
40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.
En esta enseñanza sobre el juicio, Jesús describe actos cotidianos de misericordia: dar alimento, acoger, vestir y visitar. Las personas sorprendidas no recuerdan haber servido directamente al Rey; descubren que su cuidado hacia los vulnerables tenía una dimensión espiritual profunda. El criterio no es una imagen religiosa, sino la atención concreta a quienes suelen quedar invisibles. Mira tu agenda y observa qué personas aparecen habitualmente en ella y cuáles están ausentes. Puedes dedicar una visita, una compra, una llamada o un acompañamiento a alguien que atraviesa una situación difícil. No conviertas a la persona en un proyecto ni publiques su historia. Acércate con respeto, pregunta qué necesita y permite que su voz oriente la ayuda.
¿Qué persona vulnerable está quedando invisible en tus rutinas habituales?
Agenda una llamada o visita de treinta minutos con alguien enfermo, solo o en situación de vulnerabilidad.
Jesús, ayúdame a reconocerte en quienes necesitan cuidado. Hazme atento sin invadir, generoso sin exhibirme y dispuesto a escuchar antes de decidir cómo ayudar. Amén.
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