6Esto empero digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará.
7Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ó por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.
8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; á fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra:
9Como está escrito: Derramó, dió á los pobres; Su justicia permanece para siempre.
10Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia;
11Para que estéis enriquecidos en todo para toda bondad, la cual obra por nosotros hacimiento de gracias á Dios.
En este capítulo, Pablo organiza una ofrenda para creyentes de Jerusalén y quiere que llegue como una expresión preparada, no como una presión improvisada. La imagen de sembrar describe la disposición y el fruto de justicia que beneficia a otros. El propósito de la provisión divina no es convertir al dador en alguien poderoso, sino capacitarlo para continuar haciendo el bien. Por eso este texto no debe usarse para prometer enriquecimiento automático. Dar con alegría incluye planificar, discernir y respetar la libertad. Antes de contribuir, comprueba quién gestiona el recurso, qué necesidad atiende y cómo informa de su uso. Después da sin exigir controlar cada resultado. Una ofrenda responsable puede producir gratitud en quienes reciben y una vida más generosa en quienes participan.
¿Qué necesitas comprobar para que tu próxima aportación sea alegre, informada y responsable?
Investiga durante veinte minutos una organización y decide si apoyarás su proyecto con una cantidad definida.
Padre, purifica mis motivos al dar. Hazme alegre sin ser ingenuo, responsable sin ser desconfiado y dispuesto a participar en obras que produzcan justicia y gratitud. Amén.
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