13Y venida la tarde subieron codornices que cubrieron el real; y á la mañana descendió rocío en derredor del real.
14Y como el rocío cesó de descender, he aquí sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra.
15Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos á otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.
16Esto es lo que Jehová ha mandado: Cogereis de él cada uno según pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.
17Y los hijos de Israel lo hicieron así: y recogieron unos más, otros menos:
18Y medíanlo por gomer, y no sobraba al que había recogido mucho, ni faltaba al que había recogido poco: cada uno recogió conforme á lo que había de comer.
Israel acababa de salir de Egipto y atravesaba un desierto donde no podía sostenerse con sus propios medios. El maná fue una provisión diaria, no un almacén para controlar el futuro. La instrucción igualó la necesidad dentro de la comunidad: cada persona recibió lo suficiente. Dios atendió el hambre y, al mismo tiempo, formó un pueblo que debía confiar y cuidar. La ansiedad puede empujarnos a comprar, guardar o acumular más de lo que usamos. Practicar gratitud nos ayuda a distinguir entre previsión responsable y miedo sin límite. Revisa hoy tu despensa, tu ropa o tus materiales de trabajo. Separa lo que está en buen estado y no utilizas, y entrégalo mediante una entidad fiable o a una familia que pueda aprovecharlo.
¿Qué conservas por miedo aunque podría convertirse en provisión útil para otra persona?
Selecciona diez artículos en buen estado que no uses y entrégalos esta semana a alguien que los necesite.
Padre, gracias por el pan de cada día. Enséñame a distinguir la prudencia del acaparamiento y a convertir lo que tengo guardado en una ayuda concreta para otros. Amén.
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