8Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.
Miqueas responde a una religiosidad que intenta compensar la desobediencia con ofrendas cada vez mayores. Dios no está impresionado por gestos religiosos que ignoran al prójimo. Resume una vida fiel en tres direcciones: hacer lo justo, amar activamente la misericordia y caminar reconociendo que necesitamos a Dios. La firmeza espiritual se comprueba en la manera de tratar a las personas vulnerables. Cuando atravieses una prueba, no permitas que tu dolor te vuelva indiferente. Revisa si estás cumpliendo lo que debes, si has sido compasivo con alguien que también lucha y si estás dispuesto a recibir corrección. La humildad no es despreciarte; es dejar de colocarte en el centro. Elige una acción reparadora, aunque nadie la aplauda, y hazla como una expresión de adoración cotidiana.
¿Qué relación necesita hoy más justicia, misericordia o humildad por tu parte?
Corrige una injusticia pequeña o realiza una reparación concreta sin esperar que la otra persona te lo pida.
Señor, libra mi fe de la apariencia vacía. Hazme justo en mis decisiones, misericordioso en mis relaciones y humilde para caminar contigo cuando nadie esté mirando. Amén.
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