1ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
3No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda.
4He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda á Israel.
5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.
6El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.
7Jehová te guardará de todo mal: El guardará tu alma.
8Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre.
Este cántico acompaña al peregrino que sube hacia Jerusalén. El viajero observa montañas y peligros del camino, pero dirige su mirada más allá de ellos, hacia el Creador. La repetición de la palabra guardar comunica atención continua. Dios no es un auxilio ocasional al que acudimos solo cuando el peligro ya ha vencido nuestra planificación. Puedes convertir tus desplazamientos y cambios de jornada en momentos de confianza. Antes de salir, revisa lo necesario y ora por las personas que encontrarás. Al regresar, agradece la protección recibida sin interpretar cada contratiempo como señal de abandono. La vigilancia de Dios no nos invita a descuidarnos, sino a vivir con responsabilidad sin alimentar una alerta permanente que robe todo descanso.
¿Qué preocupación por tu seguridad te está robando la capacidad de vivir con atención y descanso?
Haz una revisión práctica de seguridad que hayas pospuesto y, después, entrega a Dios aquello que no puedes controlar.
Dios creador, guarda mis entradas y salidas. Dame prudencia para cuidar lo que corresponde y descanso para no vivir esclavo de temores que solo tú puedes sostener. Amén.
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