12Así que, después que les hubo lavado los pies, y tomado su ropa, volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabéis lo que os he hecho?
13Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy.
14Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros.
15Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.
16De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió.
17Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis.
En la última cena, Jesús convierte una tarea reservada a la parte más baja de la casa en una lección sobre liderazgo. No renuncia a su autoridad; la utiliza para cuidar. Sus discípulos deben entender que conocerle implica adoptar una postura humilde, dispuesta a realizar aquello que no proporciona prestigio ni control. El fervor se contamina cuando solo queremos tareas visibles o posiciones que confirmen nuestra importancia. Hoy busca una necesidad que normalmente pasa desapercibida y atiéndela sin convertirla en anuncio. Puede ser recoger, preparar, limpiar, acompañar o resolver un detalle. Servir desde abajo no significa despreciarte, sino reconocer que el amor se demuestra inclinándose hacia la necesidad real.
¿Qué tarea sencilla evito porque no encaja con la imagen que quiero proyectar?
Realiza una tarea de cuidado que nadie te haya pedido y mantenla en secreto, salvo que sea necesario coordinarla.
Señor Jesús, forma en mí tu humildad. Líbrame de buscar reconocimiento y enséñame a inclinarme ante las necesidades reales, sirviendo con dignidad, ternura y sencillez. Amén.
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