14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.
15Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.
16Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos.
17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.
18Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
19Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.
20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.
21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.
23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
La parábola destaca la responsabilidad de administrar lo recibido durante la ausencia del señor. Las cantidades son diferentes, pero la aprobación no depende de tener lo mismo, sino de responder con fidelidad. El tercer siervo no pierde el talento por falta de capacidad, sino por una mezcla de miedo, desconfianza y pasividad. Recuperar el fervor no exige esperar una plataforma mayor. Empieza con lo que ya está en tus manos: una conversación, una habilidad, una responsabilidad familiar o una oportunidad de ayudar. El miedo puede disfrazarse de prudencia y mantener enterrado un don. Hoy decide una acción pequeña que ponga en circulación aquello que recibiste, y acepta aprender mientras avanzas.
¿Qué recurso o capacidad estoy enterrando por miedo a equivocarme o por compararme con otras personas?
Usa durante una hora una capacidad concreta para ayudar a alguien, aunque todavía necesites mejorarla.
Señor, gracias por lo que has puesto en mis manos. Líbrame de enterrar mis capacidades por miedo y enséñame a administrarlas con fidelidad, humildad y perseverancia. Amén.
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