6Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos.
7Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.
Timoteo sirve en un contexto difícil y parece necesitar ánimo para no retraerse. Pablo no le dice que espere a sentirse completamente seguro; le recuerda el don recibido y la clase de espíritu que Dios concede. El poder no elimina la vulnerabilidad, el amor evita la dureza y el dominio propio permite actuar con sensatez. Avivar un don no significa forzarte a ocupar todos los espacios, sino practicar con fidelidad aquello que Dios ha puesto en ti. Quizá enseñas, organizas, escuchas, acoges o intercedes. Elige una capacidad que has dejado apagarse y úsala esta semana en una tarea concreta, acompañado por alguien. La valentía crece cuando el amor ocupa el lugar del miedo.
¿Qué don o capacidad he dejado sin cultivar por temor a equivocarme o ser juzgado?
Informa a una persona madura del don que quieres reactivar y pídele una oportunidad concreta para practicarlo.
Señor, aviva en mí los dones que has confiado. Sustituye mi temor por poder, amor y dominio propio, para servir con prudencia, valentía y sensibilidad hacia las personas. Amén.
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