42Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
43Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;
45Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester.
46Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
47Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos.
Después de Pentecostés, la vida de la iglesia no se reduce a reuniones multitudinarias. El fervor se expresa en doctrina, convivencia, oración, mesa compartida y generosidad práctica. La comunidad cuida tanto la presencia de Dios como las necesidades de sus miembros. Su testimonio resulta creíble porque la adoración y la vida diaria permanecen unidas. Cuando nos aislamos, es fácil confundir cansancio con falta de llamamiento y convertir la fe en una experiencia privada. Recupera hoy una dimensión comunitaria. Participa en una reunión, comparte una comida o pregunta a alguien qué necesita. No busques únicamente recibir inspiración; ofrece tiempo, escucha y recursos. El fuego espiritual se aviva cuando se comparte con responsabilidad y alegría.
¿Qué parte de la vida comunitaria cristiana he dejado de cuidar y cómo está afectando a mi fervor?
Invita a alguien de la iglesia a compartir una comida o un café y pregúntale cómo puedes orar y ayudarle esta semana.
Espíritu Santo, enséñame a vivir la fe en comunidad. Hazme perseverante en la oración, generoso con mis recursos y atento a las necesidades de quienes caminan conmigo. Amén.
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