12Enséñanos de tal modo á contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría.
El Salmo 90 contempla la fragilidad humana frente a la eternidad de Dios. Pedir un corazón sabio no consiste en obsesionarse con la muerte, sino en recibir una perspectiva que ordene las prioridades. Cuando comprendemos que el tiempo no es infinito, dejamos de tratar cada urgencia como si tuviera el mismo peso y empezamos a valorar más la obediencia, las relaciones y el bien que podemos hacer. Mira tu agenda con sinceridad. ¿Qué ocupa horas porque es importante y qué las ocupa solo porque está disponible? Reserva primero espacios para descansar, escuchar a quienes amas, cumplir tu vocación y servir. También aprende a decir no sin justificarte excesivamente. Administrar el tiempo no es controlar cada minuto; es ofrecer a Dios una vida consciente, capaz de estar presente en la tarea que corresponde hoy.
Si supieras que tu tiempo es más limitado de lo que imaginas, ¿qué actividad dejarías de tratar como imprescindible?
Elimina una tarea de poco valor de tu agenda y utiliza ese tiempo para una relación o responsabilidad que has descuidado.
Señor eterno, enséñame a contar mis días con sabiduría. Ordena mi agenda, ayúdame a renunciar a lo secundario y a estar plenamente presente en las responsabilidades de hoy. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.