1ALZARÉ mis ojos á los montes, De donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
3No dará tu pie al resbaladero; Ni se dormirá el que te guarda.
4He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda á Israel.
5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.
6El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.
7Jehová te guardará de todo mal: El guardará tu alma.
8Jehová guardará tu salida y tu entrada, Desde ahora y para siempre.
Este salmo acompaña a quien está en camino y necesita recordar que no viaja sin cuidado. La pregunta inicial no es una negación del peligro, sino una búsqueda de ayuda más firme que los montes o las circunstancias. El poema repite que Dios guarda, vigila y acompaña; no promete una ruta sin cansancio, pero afirma que la vida está bajo su atención. Cuando la preocupación estreche tu mirada, levanta los ojos de la pantalla y nombra aquello que te supera. Después distingue entre un riesgo que puedes prevenir y una amenaza que solo puedes entregar a Dios. Haz la llamada necesaria, prepara lo que esté en tu mano y suelta la vigilancia imposible. La confianza se practica alternando responsabilidad y descanso, no pretendiendo conocer cada peligro antes de que ocurra.
¿Qué temor te mantiene vigilante de manera agotadora, como si todo dependiera de anticiparlo?
Completa una medida práctica de prevención y, después, establece una hora para dejar de revisar ese asunto.
Guardián de mi camino, recibe mis temores y enséñame a distinguir responsabilidad de control. Acompaña mis pasos, protege mi mente y ayúdame a descansar en tu cuidado. Amén.
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