23Y aconteció que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas.
24Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?
25Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él estaban:
26Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban?
27También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado.
28Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
Los fariseos habían convertido el sábado, destinado al bien y a la restauración, en un sistema de acusación. Jesús recuerda el caso de David y sus compañeros para mostrar que la necesidad humana no está subordinada a una interpretación fría de la norma. El descanso que Dios da no busca oprimir, sino devolver dignidad, libertad y vida al pueblo. También podemos transformar las disciplinas espirituales en nuevas cargas. Si tu manera de descansar produce culpa constante, quizá necesitas volver al corazón compasivo de Dios. Jesús no elimina la santidad; la coloca al servicio del amor. Pregunta qué práctica te ayuda a recibir la gracia y cuál te está haciendo juzgarte o juzgar a otros. El descanso cristiano debe acercarte a Cristo y hacerte más misericordioso.
¿Qué exigencia religiosa necesitas revisar para recuperar el propósito misericordioso del descanso?
Haz algo sencillo que restaure tu cuerpo o tu alma, sin convertirlo en una competencia espiritual.
Jesús, Señor del descanso, líbrame del legalismo y de la culpa. Enséñame a recibir tus dones con gratitud y a usar mi libertad para amar y hacer el bien. Amén.
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