1A TODOS los sedientos: Venid á las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad, y comed. Venid, comprad, sin dinero y sin precio, vino y leche.
2¿Por qué gastáis el dinero no en pan, y vuestro trabajo no en hartura? Oidme atentamente, y comed del bien, y deleitaráse vuestra alma con grosura.
3Inclinad vuestros oídos, y venid á mí; oid, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes á David.
Isaías anuncia la invitación de Dios a un pueblo herido y desplazado, no a personas que tienen todo resuelto. El lenguaje de agua, pan y vino comunica abundancia de gracia sin precio para quienes carecen de recursos. Dios confronta la búsqueda de satisfacción en lo que no alimenta y llama a escucharle para que el alma viva. Muchos cansancios nacen de intentar comprar con esfuerzo lo que solo puede recibirse: aceptación, sentido y perdón. El descanso en Dios comienza cuando dejamos de negociar nuestro valor mediante rendimiento. Venir a las aguas es acercarse con sed, no con méritos. Hoy puedes reconocer aquello que promete llenar tu interior, pero te deja más vacío, y elegir alimentar tu alma con la presencia y la palabra del Señor.
¿En qué fuente estás buscando satisfacción que Dios quiere ofrecerte de manera gratuita?
Sustituye durante veinte minutos una actividad de consumo por la lectura pausada de Isaías 55.
Señor, reconozco mi sed y mi cansancio. Gracias por invitarme sin precio. Enséñame a recibir tu gracia y a dejar de perseguir satisfacciones que no pueden sostenerme. Amén.
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