1JEHOVA, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad?
2El que anda en integridad, y obra justicia, Y habla verdad en su corazón.
3El que no detrae con su lengua, Ni hace mal á su prójimo, Ni contra su prójimo acoge oprobio alguno.
4Aquel á cuyos ojos es menospreciado el vil; Mas honra á los que temen á Jehová: Y habiendo jurado en daño suyo, no por eso muda.
5Quien su dinero no dió á usura, Ni contra el inocente tomó cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará para siempre.
Este salmo pregunta quién puede habitar en la presencia de Dios y responde describiendo un carácter coherente. No ofrece una lista para comprar el favor divino, sino un retrato de la persona cuya comunión con Dios transforma su manera de relacionarse. La integridad alcanza la conversación, el uso del poder, el trato al vulnerable y la fidelidad a los compromisos. La coherencia se prueba cuando nadie puede obligarte a cumplir. Revisa hoy una promesa que hiciste, una información que compartes o una opinión que expresas de manera distinta según el público. Si has fallado, reconoce el hecho sin excusas y busca reparar. Ser íntegro no significa no equivocarse; significa no construir una segunda mentira para proteger la primera.
¿En qué situación estás siendo tentado a presentar una versión distinta de ti mismo?
Cumple una promesa pendiente o informa con honestidad a quien necesita conocer la realidad completa.
Señor, hazme una persona íntegra delante de ti y de los demás. Que mis palabras, decisiones y compromisos sean coherentes, y dame valor para reparar mis fallos con honestidad. Amén.
Te llega por correo al empezar el día. Puedes darte de baja cuando quieras.