22Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe,
23Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley.
24Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias.
25Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.
Pablo contrasta las obras de una vida dominada por deseos desordenados con el fruto que nace de la presencia del Espíritu. El fruto no es una apariencia fabricada para impresionar, sino una transformación que se vuelve visible en la manera de tratar a otros y gobernarse a uno mismo. Sus cualidades forman un carácter integrado: amor sin verdad se debilita, y verdad sin mansedumbre hiere. Crecer requiere cooperación diaria con Dios. Hoy no intentes demostrar todas estas cualidades a la vez; escoge aquella que más necesitas practicar en una situación concreta. Si surge irritación, respira, ora brevemente y responde desde la paciencia. Al final del día, revisa qué reacción cambió cuando cediste espacio al Espíritu en lugar de seguir el impulso inicial.
¿Qué aspecto del fruto del Espíritu necesita hacerse visible en tu relación más cercana?
Elige una persona con quien hablarás hoy usando deliberadamente paciencia, amabilidad y dominio propio.
Espíritu Santo, produce en mí un carácter semejante al de Jesús. Ayúdame a abandonar reacciones impulsivas y a practicar hoy amor, paciencia, bondad y dominio propio. Amén.
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