12Vestíos pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de tolerancia;
13Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Crito os perdonó, así también hacedlo vosotros.
14Y sobre todas estas cosas vestíos de caridad, la cual es el vínculo de la perfección.
15Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, á la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.
16La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.
17Y todo lo que hacéis, sea de palabra, ó de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias á Dios Padre por él.
Colosenses presenta la vida cristiana como una nueva vestimenta que debe ponerse una comunidad concreta. La compasión, la paciencia y el perdón no son adornos privados; son maneras de convivir cuando surgen diferencias. Pablo no manda tolerar indefinidamente el daño, sino soportarse con amor y permitir que la paz de Cristo tenga autoridad sobre las respuestas del cuerpo. El cierre de este recorrido no consiste en afirmar que todas las heridas ya desaparecieron. Consiste en elegir una dirección: vestirnos cada día de aquello que Cristo forma en nosotros. Hoy revisa una relación importante y decide qué prenda necesitas practicar primero: compasión para escuchar, humildad para reconocer, paciencia para esperar o perdón para soltar. Hazlo con gratitud, recordando que tu vida y tus palabras pertenecen al Señor.
¿Qué cualidad de Cristo necesitas vestir hoy para avanzar hacia una vida más reconciliada?
Elige una relación concreta y practica durante esta semana una cualidad específica: escuchar, pedir perdón, esperar o perdonar.
Señor Jesús, gobierna mi corazón con tu paz. Vísteme de compasión, humildad, paciencia y amor; ayúdame a perdonar con sabiduría y a vivir agradecido en tu nombre. Amén.
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