14Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.
15Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
16Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.
Hebreos presenta a Jesús como el Sumo Sacerdote que ha atravesado los cielos y, al mismo tiempo, comprende nuestra debilidad. No es un mediador frío ni distante. Ha sido probado sin pecado y por eso puede sostenernos con verdad. El trono de Dios, que podría inspirar temor, aparece para nosotros como un lugar de gracia. Acercarse con confianza no significa exigir respuestas ni negar el dolor. Significa acudir antes de endurecernos, esconder la necesidad o buscar alivio en caminos que nos dañan. Cuando llegue hoy una tentación o una preocupación, detente y ora con palabras concretas. Pide misericordia para tu fragilidad y ayuda para el siguiente paso, no para controlar todo el futuro.
¿Qué necesidad estás intentando gestionar solo, aunque podrías acercarte hoy al trono de la gracia?
Coloca una alarma a mitad del día y dedica tres minutos a pedir a Jesús misericordia y ayuda para una necesidad específica.
Jesús, gracias porque comprendes mi debilidad. Llévame a acercarme al Padre con confianza, recibir misericordia para hoy y pedir la ayuda necesaria para obedecer. Amén.
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